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Guías de lectura

Imagen de las guías de lectura

Los lectores recomiendan
Primavera 2007



  • Los inquilinos de Moonbloom Edward Lewis Wallant. Libros del Asteroide.

    Es difícil de explicar para un librero cómo a veces, perdiendo el tiempo navegando en internet buscando novedades interesantes y libros perdidos, encuentra novelas que se atreve a pedir, a sabiendas de que acabarán en la correspondiente balda (literatura extranjera, W) solamente por leer una encendida recomendación de dicho libro (del cual no sabíamos nada de nada, ni del autor). Se podría decir que la realidad se pliega de manera extraña, la literatura llama a la literatura, las palabras se convierten en cantos mediterráneos de sirenas desconocidas. Y como guinda yo estoy escribiendo una reseña de dicho libro para que alguien, a su vez, tal vez lo lea… Un día, como digo, leí esto que sigue (y que reproduzco literalmente) y pedí un libro que, sí, después de leerlo con gran deleite, está cogiendo polvo en la estantería de mi librería, al lado de Stephan Zweig, Jeannette Winterson y Boris Vian, entre otros. Pobrecitos ellos…

    “Debo a la cada vez más inusual conjunción de encontrar a una persona que tiene estupendas lecturas y, además, es dueño de una librería, el descubrimiento de Edward Lewis Wallant. Me refiero a Sergio Parra y su librería en Santiago de Chile Metales Pesados. Cuando encontré su local, ubicado en medio de una calle sobregirada de cafés y frente a una boca de metro, casi no ingreso. Es que me encontré con Parrita, vestido con lo que podría considerarse su uniforme (saco y pantalón negro, camisa blanca, cigarrillo en la mano) gritándole desde la puerta del local a un cliente, que lo miraba incrédulo desde la acera, sin atreverse a bajar de su moto: “¡Pero si hace un año que te digo que leas el Omar Pahmuk y ud. Dale con que quería leer a la Yoshimoto, y ahora se me viene a quejar! ¡Yo le decía Pahmuk y ud. Repetía la Yoshimoto, la Yoshimoto! ¡Ahora no se queje!”. Al fin, cuando se dio por rendido el cabizbajo motorizado, entré en la librería dispuesto a llevarme lo primero que me recomendase Parra, así lo hubiera leído ya o lo odiase, solo para que no me griten. Pero felizmente me recomendó algo que no había leído, de lo que tenía poca noticia además, y que acabo de terminar con muchísimo placer, en estado de éxtasis en realidad: Los inquilinos de Moonbloom de Edward Lewis Wallant”. http://notasmoleskine.blogspot.com

    Wallant era miembro de esa generación de escritores judíos norteamericanos notables, como son Saúl Bellow, Philip Roth y Bernard Malamud. A pesar de tener cierto éxito en vida, un aneurisma fulminante en 1962 lo mató antes de los 40 años. Ese mismo año, además, había decidido dejar su oficio para dedicarse de lleno a escribir (aquí cabe acotar la siniestra frase de “así es la vida ”). Los inquilinos de Moonbloom es una novela póstuma, escrita con gran sentido del humor y del absurdo, en la que un personaje fracasado, una caricatura de escritor genial frustrado por su ocio y su indolencia, debe acudir a las minucias de sus inquilinos (cada cual más esperpéntico) al tiempo que mantiene informado de sus gestiones a su hermano millonario, dueño de los inmuebles, un mecenas equívoco y casi demoníaco en su omnipresencia, que sostiene económicamente a su hermano mandándolo a cumplir obligaciones mínimas como cobrar la renta, pero que para alguien de sus desaprensivas características resultan auténticas odiseas, y tomar como referencia a la mitología no es gratuito, créanme, cuando a medida que leemos descubrimos la transformación de Moonbloom y su heroica y romántica empresa, uno irremediablemente piensa en la suya y eso, en literatura, es lo más hermoso que te puede pasar. La novela está publicada en España por Libros del Asteroide y está prologada por Rodrigo Fresán (por cierto, lean también cualquier cosa de este hombre, en serio, tal vez, junto con Roberto Bolaño, Fresán sea uno de los 5 ó 10 escritores en lengua castellana más fascinantes, pero, eso sí, no se olviden de Wallant, entre muchos otros, claro). Como dice uno de los Sanchos de este Quijote que tal vez sea el protagonista de esta novela: “Moonbloom, esta noche, cuando iba en el tren –dijo Sugarman tendido en la cama, con la cara como la de un santo entrado en carnes- creo que he terminado de entenderlo. Hay una Santísima Trinidad de la supervivencia que consta de Coraje, Sueños y Amor” y si esto lo dice un personaje que se gana la vida vendiendo chucherías vestido de payaso en el metro de Nueva Cork habrá que hacerle algo de caso. Nota para los bibliófilos: la edición está impresa en verde esmeralda, tiene un formato vintage, mismo paperback de los años 60, que le va perfecto al libro. (Juan Miguel)

  • Trenes rigurosamente vigiladosBohumil Hrabal. El Aleph. La novela empieza de la siguiente manera. Cierta tarde, durante la ocupación Nazi de Praga, un ala de un avión de caza Alemán destruido, va planeando sobre el pueblo protagonista. El ala del avión va cayendo y en el pueblo los lugareños se quedan contemplándola, aproximándose poco a poco hacia el lugar donde está supuesta a caer. Cuando se desploma en el suelo, los lugareños arrancan pedazos y chapas que colocarían posteriormente en sus bicicletas y se llevarían como utensilios de cocina. Narrada en primera persona, Trenes rigurosamente vigilados cuenta de una manera épica los últimos días de dominio nazi en las afueras de la ciudad de Praga. El narrador, un joven llamado Milos, va contando lo que acontece en esos días. Cuenta la historia de su bisabuelo pensionado desde su juventud, que se emborrachaba delante de la gente que trabaja, insultándolos, por el sencillo hecho de que ellos trabajaban y él no. Al bisabuelo lo molían a golpes y el abuelo tenía que buscarlo y llevarlo a casa en una carretilla, hasta que a los ochenta y tantos años, se puso a burlarse de unos obreros que lo molieron a golpes y lo mataron. Cuenta de su abuelo que era hipnotizador y que intentó en cierta ocasión detener el avance de los tanques alemanes, hipnotizándolos, a medida que avanzaba hacia ellos. Finalmente, uno de los tanques le pasa por arriba. También, Milos cuenta de su oficio en la estación de tren, de los trenes de los nazis que pasan con soldados en todos los vagones y de los tristes vagones que pasan con vacas, corderos y cerdos en dirección al matadero. Y por supuesto, la historia del factor Hubicka, conocido en el pueblo, por haberle tatuado el culo con todos los sellos del correo a un telegrafista. Entre tanta historia entrelazada flota la trágica sombra del intento de suicidio de Milos. La causa no es otra que una supuesta impotencia adolescente. Algunos ven en ello una metáfora de occidente, de la guerra y de la frugalidad de la vida. Quién sabe. Lo que está claro es que Hrabal impregna la obra de los elementos que lo hicieron uno de los escritores europeos imprescindibles; una visión poética de la vida, no sin elementos bufonescos, caóticos, vergonzosamente cómicos; una visión de la vida como algo irrepetible (trágico), cargando de azares imposibles y mágicos detalles (mágicos no tanto por excepcionales sino por cómo son narrados) lo cual desprende una inasequible alegría de estar vivo y una prosa vertiginosa, cercana y viva como las preciosas calles de Praga. Nunca un escritor compuso un crisol de la vida como lo hizo Hrabal, una vida donde la risa y el llanto están totalmente mezclados. Trenes rigurosamente vigilados es la mejor manera de adentrarse en la obra de este grandísimo escritor llamado Bohumil Hrabal. (Juan Miguel)
  • Pasión india. Javier Moro. Seix Barral, 2005. En enero de 1908, una española de 17 años, sentada a lomos de un elefante lujosamente enjaezado, hace su entrada en una pequeña ciudad del norte de la India. El pueblo entero está en la calle rindiendo un cálido homenaje a la nueva princesa de tez blanca. Podría parecer un cuendo de hadas, pero así fue la boda de la bailarina andaluza Anita Delgado con el riquísimo Maharajá de Kapurthala. Y así empezó una gran historia de amor -y traición- que se desgranó durante casi dos décadas en el corazón de una India a punto de extinguirse. (Esther)
  • La buena letra . Rafael Chirles. Anagrama, 2002. Una mujer va desgranando para su hijo ya adulto los recuerdos de toda una vida dura y difícil. Novela ágil y amena sobre sentimientos y relaciones de la vida cotidiana. Se lee de un tirón. (Paqui)
  • Laura y Julio. Juan José Millás. Seix Barral, 2006. El protagonista de esta novela, a raíz de su separación, decide ocupar en secreto el piso vacío de un vecino. En el transcurso de la metamorfosis que sufre Julio, éste descubre una vida nueva. Es una historia intensa y sugerente, de esas lecturas que se disfrutan sonriendo. (Rosario)
  • La biblia de barro. Julia Navarro. Plaza & Janés, 2005. Intriga, misterio y acción. Con un desenlace inesperado. (Mariana)
  • Los ojos del Tuareg. Alberto Vázquez-Figueroa. Plaza & Janés, 2000. Se mezclan la pobreza y respeto a unas leyes milenarias del pueblo tuareg con el derroche y falta de prejuicios de los rallys, narrando una historia que engancha y hace reflexionar. (Alfonsa)
  • El misterio de la cripta embrujada. El laberinto de las aceitunas. Eduardo Mendoza. Seix Barral. Las investigaciones del detective más delirante de la literatura española de los años ochenta. Divertidas, irónicas y únicas aventuras de un personaje que se ha convertido en un recurrente de este autor. (Antonio Cabrera)
  • El jinete polaco. Antonio Muñoz Molina. Planeta, 1991. Una historia contada de forma magistral en forma de rompecabezas en el que todas las piezas encajan, manteniendo en el lector un interés creciente durante todo el relato. (Antonio Cabrera)
  • Las partículas elementales. Michel Houellebecq. Anagrama, 1999. Autor postmoderno que refleja la vida “humana” de la sociedad capitalista-individualista actual en la que no queda ni la salvación del amor. La mejor novela del autor francés. (Ana)
  • Las cosas : una historia de los años sesenta . Georges Perec. Anagrama, 1992. Una historia de los años 60 en un París vivido por una pareja que funda sus sueños, sus expectativas de pareja en el dinero, la casa, las cosas... (Ana)
  • El corazón helado. Almudena Grandes. Tusquets, 2007. Es emotivo y apasionante; no te deja indiferente. La historia vista desde lo cotidiano y lo personal. (Manuela)
  • Travesuras de la niña mala. Mario Vargas Llosa. Alfaguara, 2006. Una historia de amor diferente, atemporal, única. Un final enternecedor, inesperado. Un libro subyugante que transporta al lector entre las ciudades más cosmopolitas y los diferentes estratos sociales del siglo XX. (Ángel)
  • El laberinto de la felicidad. Álex Rovira, Francesc Miralles. Aguilar, 2007. Es un libro muy interesante. Ariadna es la protagonista que busca la felicidad, y se mete en laberinto de la felicidad. Allí se encuentra con personajes diferentes que te cuestionan ¿quién soy yo? ¿de dónde vengo? ¿adónde voy? ¿para qué vivo? Os animo a que lo leáis, descubriréis un mundo fantástico y os conoceréis mucho más. Espero que os guste. (Loles)
  • Sinuhé el egipcio. Mika Waltari. Plaza & Janés, 2004. Una novela histórica, que no historia verdadera, que una vez leída no se olvida jamás. Es una historia intensa y sugerente, de esas lecturas que se disfrutan sonriendo. (Eugenio)
  • El penúltimo sueño. Ángela Becerra. Planeta, 2005. Una bella historia de amor que te atrapará desde la primera a la última página. (Eugenio)
  • Al sur de la frontera, al oeste del sol. Haruki Murakami. Tusquets, 2003 Una historia de amor narrada en primera persona. Desde su nacimiento hasta los treinta y siete años Hajime, el protagonista y narrador, va relatando su vida, sus sentimientos y su búsqueda del sentido de la vida. Novela que atrapa desde el primer capítulo y mantiene el interés a lo largo de todo el libro. Es una historia intensa y sugerente, de esas lecturas que se disfrutan sonriendo. (Paqui)
  • El curioso incidente del perro a medianoche. Mark Haddon. Círculo de Lectores, 2005. Un libro original y diferente sobre un chico especial y su particular visión del mundo. Un relato de misterio atípico, encantador e ingenioso. Después de leerlo serás capaz de mirar con otros ojos. ¿Qué más se puede pedir? Absolutamente recomendable. (María José M.)
  • El gran cuaderno. Agota Kristof. Seix Barral, 1995. Es una narración dura, sin ningún tipo de anestesia, sobre una de las peores épocas de Europa vista a través de los ojos de un niño. Un final impresionante culmina una novela que, desde luego, no es para pasar el rato. (Julián)
  • Casi perfecto. Marina Mayoral. Alfaguara, 2007. Muy ágil y fácil de leer, cercano en el argumento y con un final muy interesante. (Josefa)